A menudo las prisas hacen tropezar nuestros pasos, nos caemos por descubrir que aun no estamos preparados para tal situación y la impaciencia se apodera de nosotros como aquel niño que espera recibir el helado recién comprado por su madre, para descubrir que ni esa es su madre, ni esa señora piensa compartir. Suena traumático y a menudo una espera así puede ser, pero mientras, ¿qué? ¿a caso el mirar como esa señora se aleja nos alejará a nosotros de la impaciencia del querer y no poder?

Es ahí cuando un verdadero luchador muestra la fuerza y precisión exactas que harán caer en sus manos tal delicia. No hablamos de abalanzarnos sobre el puesto de helados, si no más bien, de elaborar un método consecuente.

Esperar, pero no volando en otros tejados, esperar maquinando la estrategia que nos guíe hacia la victoria?

Si te rindes ya sabes lo que obtendrás, nada. A caso "nada" merece la pena. Me quedo con la valentía, el vigor, la fuerza...y saber mantener el equilibrio entre astucia y temperamento.

La pregunta ahora bien sería..un helado merece la pena tanto planteamiento?, francamente en lugar de estar pensando en helados, prefiero dedicarme a pensar cómo conseguir más lectores de mi mano.

Un saludo coctelero!